Por: José E. Muratti Toro
La mentalidad de conquista de las Trece Colonias inglesas convertidas en los primeros Estados Unidos, alimentada con el coctel de adrenalina, testosterona y dopamina que representó, primero el cowboy del oeste, y luego el infante de marina desde finales del siglo XIX y la «Splendid Little War» con que le arrebataron las colonias a España en 1898.
Esta mentalidad coaguló durante la II Guerra con la auto-adjudicada victoria sobre Alemania, Italia y Japón (invisibilizando la toma de Berlín por la URSS), y su triunfo de la Guerra Fría con el colapso de la URSS en 1991, y convirtió a los EEUU no solo en el poder hegemónico global durante los pasados 30 años.
A partir del siglo XX, como todo imperio desde Roma, se dedicó a depredar cada vez con menos disimulo a sus vecinos globales y su propia ciudadanía, y se dedicó a monetizar toda relación comercial cortándole la mano invisible de Adam Smith a su capitalismo industrial, para convertirlo en un oligopolio agri-tecno-industrial-militar, cada vez más incapaz de suplir sus propias necesidades internas y cada vez más dependiente de sus neocolonias y adversarios.
Al llegar al poder Trump, «poster boy» del narcisismo-maligno, los EEUU confirman que el Sur Global, o sea las excolonias de los imperios europeos, se han vuelto sumamente productivas e interdependientes y han decidido socavar la hegemonía del dólar atado al precio del oro para toda transacción comercial, establecida junto a Inglaterra en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944, y reconfigurada por Henry Kissinger en el «petro-dólar» (o sea atado al precio del petróleo) en los 1970s.
Autopercibiéndose como cada vez más poderosas, han comenzado no solo a comerciar con sus propias monedas, sino que están creando una moneda común para los países que conforman el BRICS, originalmente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y ahora expandida para incluir Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí (pendiente de ratificación), y los Emiratos Árabes Unidos (UAE en inglés). Argentina bajo Milei declinó la invitación a formar parte del grupo.
La invitación a Venezuela a unirse al BRICS y las reservas de petróleo combinadas (en millones de barriles) de Irán (209), Rusia (80), la Arabia Saudí (267), UAE (113), Iraq (145) y Venezuela (303), conceden a este sector el 84% de las reservas mundiales frente a 16% de los EEUU (45) y Canadá (167), cuya relación con los EEUU Trump se ha encargado de envenenar.
Una Venezuela junto a Rusia, Irán, Iraq, la Arabia Saudí y Venezuela representan 859 millones de barriles o un 73% de las reservas globales, descalabrando el valor del petrodólar hasta ahora dominado por los EEUU.
Los recientes contratos de Rusia y China con Venezuela para comprar su producción de petróleo provocó el pánico en Washington que movió a Trump a secuestrar a Maduro, llegar a un acuerdo administrativo con su gobierno, declarar que se apodera del petróleo de Venezuela y rumia cómo enfrentar el desafío de cancelar los contratos entre Venezuela, China y Rusia.
Mientras eso sucede, acaba de apoderarse de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo cuyos ingresos depositará en cuentas comerciales, no el Departamentp del Tesoro, que él administrará personalmente. A la vez, una orden ejecutiva firmada por él en el 2025 propone crear una «Reserva de Bitcoin», moneda en que Venezuela ha depositado $22 billones.
La apropiación de los activos de Venezuela tanto en reservas de petróleo, como en infraestructura que está dispuesto a subvencionarle a las petroleras estadounidenses, y sus reservas en Bitcoin, representa el robo de activos probablemente más grande de la historia, y todo a plena luz del día, sin subterfugios ni falsas campañas de democracia y libertad.
Macron acaba de denunciar las prácticas «coloniales» de Trump (Francia no tiene fuerza moral para denunciar imperios) a nombre de la Unión Europea. Latinoamérica se divide entre Brasil, Colombia y México que denuncian este afán de conquista imperial y Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú que se alinean con Washington. El resto del hemisferio no abre la boca temiendo otro ataque como el de Caracas.
El «poder permanente» de Washington, ese conglomerado invisible de acaudalados inversores, jueces del Supremo y generales militares, parece haber sido cooptado o emasculado, por lo que no se anticipa una movida para sacarlo de la presidencia. Todo apunta a que si ese grupo decide actuar tendrá que ser por medio de un magnicidio público (como el de Charlie Kirk) o provocado mediante alimentos o medicamentos para su evidentemente comprometida salud física y mental.
De esto no ocurrir, saboteará o cancelará las elecciones de medio término, «para que no lo residencien» y como un Nerón posmoderno, ajotará a su ejército personal dirigido por ICE y no tendrá reparo en desatar una confrontación que resulte en una nación en llamas.














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