Por: José Enrique Muratti-Toro
El anti-intelectualismo/educación de las derechas obedece, en gran medida, al repudio al liberalismo y tolerancia que practican aquellos con mayor preparación académica hacia las poblaciones y estilos de vida de los sectores minoritarios y marginales; sean por color de piel, estilos de vida u origen geográfico.
Ese rechazo visceral al «otro», el diferente, el que ni luce como «nosotros», ni se rige por nuestras normas (la normalidad es la contraseña de la uniformidad y la conformidad), se complementa y complica porque esa inconformidad se transforma en rebeldía, en protesta, en peligrosa rebelión. Así que, para «cortar por lo sano», hay que coartar lo que leen, lo que aprenden, lo que puedan pensar.
El resultado lo estamos viendo en la guerra de EEUU contra Irán. Los encargados de la política interna, la externa, la militar y la económica estadounidense están demostrando su ignorancia de sus propios sistemas y recursos; amén de los de los adversarios. Están actuando a base de las consignas y eslogans con que convencieron a la mayoría de que los respaldaran sin revelar que no saben lo que tienen entre manos.
Trump, Hegseth, Miller y Lutnick no tienen idea de la magnitud del caos que han creado actuando impulsivamente para apoyar a Netanyahu y asegurar el respaldo económico del AIPAC y el sector sionista que apuesta a la creación de un «Gran Israel» que se extienda desde el Nilo hasta el Mar Caspio.
Rubio sí sabe, pero está esperando el desplome, físico y/o político de Trump, para emerger como «el adulto» que pondrá orden, pues Vance ya está siendo descartado por intrascendente y pusilánime.
La «ganga de ocho», los cuatro senadores y congresistas de mayor rango de ambos partidos, a los cuales el Ejecutivo informa sobre el estado de situación, están saliendo aterrorizados de las reuniones sobre dicho estado, por la falta de información y planes para «el día después» de la guerra.
Como adolescentes con un auto o un rifle en las manos antes de aprender a usarlos, Trump y Hegseth están apostando a un cambio de régimen que no vendrá y hasta están considerando «sending in the Marines», confiando que las amenazas de un misil iraní o un ataque terrorista, probablemente provocado por un comando de Mossad, vuelque la opinión pública a favor de la guerra.
Irán es más Afganistán que Iraq. Las posibilidades de triunfo en una guerra con tropas en territorio iraní son menores que las que tuvieron en Corea, Vietnam o el mismo Afganistán.
Curiosamente, la última baraja que se comenta cada vez más a la cual recurriría Netanyahu, sería utilizar una ojiva nuclear «táctica», o sea de poco kilotonaje, sobre Irán en lo que observadores han denominado «la solución de Sansón», el personaje bíblico que derrumbó las columnas del templo y se inmoló para destruir a sus enemigos.
La gran ironía es que la nación con mayor capacidad de destruir el Medio Oriente es Irán. Sus misiles pueden destruir todas las plantas de procesamiento de petróleo y desalinización, desde el Sinaí hasta el oriente del Golfo, convirtiendo la región en un gran desierto por las próximas cuatro o cinco décadas, o un siglo si Netanyahu recurre a la opción nuclear, dejando a Europa sin petróleo y gas natural, y decimando la economía estadounidense.
Rusia sería la gran ganadora pues se convertiría, junto a los EEUU, en principal suplidor de combustibles y China no tendrá problemas continuar recurriendo a sus abastos.
El gran perdedor será Trump y los EEUU. Aún con el dólar como principal divisa de intercambio, la creciente decentralización y regionalización de los acuerdos de intercambio monetario dentro del BRICS (es importante recordar que la «R» y la «C» del BRICS representan a Rusia y China), marginarán a unos EEUU cada vez más invertido en finanzas y especulaciones como la IA, que en la producción de bienes agrícolas e industriales que generan más riqueza sostenible.
Como dijo Mark Carney en Davos, el mundo enfrenta una fractura del orden global creado a partir de la II Guerra Mundial. En el nuevo orden que surgirá los «países intermedios», o sea los que que siguen a las grandes potencias, forjarán un orden multipolar que requerirá mayor colaboración en vez de mayor imposición por mollero económico y militar.
El mundo aguanta la respiración esperanzado de que la derrota militar y política de Trump y Netanyahu no dejen el planeta demasiado devastado como para que nuestros hijos y nietos puedan respirar en una atmósfera sin contaminación radioactiva.


Deja un comentario