Por: Jose E. Muratti Toro, Ph.D.
Algunos de nosotros admiramos el compromiso del gobierno chino con el bienestar común, incluso permitiendo empresas multimillonarias, siempre y cuando no saboteen el proyecto de desarrollo sustentable inclusivo de todos los sectores sociales. Nos preguntamos si todo ese progreso sería posible (y deseable) si el precio a pagar son las libertades de expresión, asociación y posibilidad de forjar partidos que compitan con el Partido Comunista del estado. Pienso que el planteamiento propone una conversación seria, que no debe estar sujeta a eslóganes sensacionalistas pro-capitalismo o pro-dictadura del proletariado, que enajenan a la mayoría.
Dicho esto, China acaba de lanzar una directiva para prohibir la creación de «relaciones digitales» o relaciones afectuosas o más, con «agentes» o personas ficticias creadas por la IA. La prohibición es para China, no para otras sociedades, lo cual da al traste con que sus propósitos son exclusivamente humanitarios.
Dicho esto, y reconociendo que otros estados han iniciado directivas similares, creo oportuno recordar que el «orden mundial», el sistema-mundo de que hablaba Wallerstein, es un sistema de acumulación de riqueza. Podemos asegurar que es la naturaleza del capitalismo, aunque le incomode a quienes rechazan el socialismo, pero también sabemos que el capitalismo es la modalidad moderna de dicho sistema de acumulación de riqueza, que existe desde el principio de los tiempos.
La gran ironía para quienes respaldan dicho sistema-mundo, es que éste ha socavado, deshumanizado y monetizado las relaciones humanas a tal grado que cada vez más seres humanos prefieren tener una relación con un/a «agente» creado/a por la IA, a cultivarla con otro ser humano, y toda una industria tecnológica lo está promoviendo para aumentar sus ganancias y, premeditadamente o no, asegurarse una clientela cautiva.
Los directivos de las empresas tecnológicas, de comunicaciones y de inversiones que están promoviendo los «data centers» que alimentan la proyectadamente insuperable bonanza que generará la IA, tienen un solo propósito: acumular riqueza.
El efecto que puedan tener sobre la población en general y nosotros como personas, no tiene importancia para ellos. De hecho, la construcción de bunkers, y compra de islas o enormes predios lejos de las ciudades, como en la Patagonia argentina, representan su «Plan B» para cuando los seres humanos comencemos a atacarnos entre nosotros mismos, provocando un armagedón de proporciones bíblicas, y ellos poder sobrevivir sin verse afectados por la violencia de la «plebe».
Por supuesto, siendo seres iluminados por sus habilidades tecnológicas e inversionistas, ni remotamente asocian la debacle con sus propias acciones. Quienes les culpan por recomendarnos que «comamos bizcocho», viven en una estratósfera cultural donde el precio del pan o el diesel, no se mencionan sino como motivo de desconcierto o burla.
China, a todas luces, es un aventajado estudiante de la historia. Ha sabido balancear la inversión del estados y de autorizados emprendedores, e invertirlos en un desarrollo sustentable a muy largo plazo, convirtiendo la fórmula del «soft power», que los imperios occidentales han adoptado para neutralizar las resistencias a sus inversiones privadas en las excolonias y pretendidas neocolonias, sin gastar enormes cantidades de recursos en aparatos militares de agresión.
En lugar de aparatos represivos, han desarrollado empresas forjadas para promover el desarrollo de infraestructuras y manufacturas que les permita a sus «socios» del Sur Global crecer y desarrollarse, y convertirse en mercados para productos chinos, en vez de neocolonias cuyos recursos naturales son extraídos exclusivamente por empresas privadas, empobreciendo y asegurando su dependencia con las metrópolis occidentales. Habrá que ver cuánta independencia podrán retener dichas economías si deciden insertarse en los mercados occidentales a cambio de prebendas por parte de sus gobiernos y emporios comerciales.
En resumen, porque esto comenzó con los «noviazgos» con agentes digitales, China está protegiendo a su población de la monetización y, en cierto grado, colonización de la sociedad moderna, cada vez más occidental, sumida en la soledad y cultivada para mantener grandes segmentos de sus indigentes ciudadanos anesteciados, endeudados u sometidos a los vaivenes de mercados que existen exclusivamente para aumentar y acumular riqueza, para el puñado de multibillonarios que sostienen la sartén por el mango y el fuego también.
¿En qué lado de la verja se halla el futuro de la humanidad?


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